Opinión
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desorgasMartha Canseco González/ Botella al Mar

SemMéxico

El pasado 8 de agosto se celebró el Día Internacional del Orgasmo Femenino, han reflexionado, ¿Por qué se habría de establecer un día específico del año para esto?

Aquí les van varios datos: En su famosísimo Informe Hite sobre sexualidad femenina, realizado en los años setentas en Estados Unidos, la antropóloga Shere Hite descubrió que un porcentaje elevadísimo de las mujeres norteamericanas fingían el orgasmo. Imagínense en México, por esas mismas fechas.

Una condicionante para participar en el estudio de la Doctora Hite fue responder con toda sinceridad, dejar lo políticamente correcto a un lado. Lo cierto es que se impone que la sexualidad femenina debe ser políticamente correcta frente a la sexualidad masculina.

Hemos de decirles y reiterarles que son unos leones en la cama para no lastimar su frágil masculinidad, lo que ha resultado en una legión de mujeres insatisfechas en lo sexual, que nunca han experimentado el orgasmo.

Por su parte un equipo médico del Hospital Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, viene haciendo un estudio desde el 2018 llamado Índice de Función Sexual Femenina y aseguran que el 30 % de las argentinas no suelen experimentar orgasmos y el 12 % nunca han tenido uno, ni solas, ni con sus parejas.

La médica Silvina Valente quién encabeza el estudio señala que esto se debe a que las mujeres no saben y en consecuencia no están conscientes de que tienen derecho al placer.

La cuestión es cómo van las mujeres a estar conscientes de ése derecho, si se nos educa sólo para darle placer al otro, para gustarle al otro y la sexualidad humana gira en torno sólo a la sexualidad masculina.

El estudio argentino publicado por el diario El Clarín, destaca además que entre aquellas que nunca han tenido un clímax, muchas son madres, tienen más de un hijo, dice Valente, confunden el orgasmo con la excitación, con la sensación de intimidad con su pareja o peor aún, con el orgasmo de él.

Dice la médica: “Lo cierto es que cada vez son más las mujeres que creen que el encuentro sexual finaliza cuando el hombre eyacula y que por múltiples razones no continúan en la búsqueda de su placer”.

Hay, dice la especialista, un desconocimiento, no sólo de la mujer, sino también del hombre, de que las mujeres necesitan más tiempo para alcanzar el orgasmo y que esperarlas y que “ellas mismas se esperen”, es un derecho en el camino hacia la equidad del placer.

Silvina da en el clavo, lo que se requiere es lograr la equidad en el placer, democratizar el placer, terminar con la dictadura del pene y para eso han de ocurrir dos cosas de entrada: una, las mujeres han de reapropiarse de su cuerpo, su deseo y su placer. Y segundo, lo han de hacer en solitario, quiere decir que son ellas las primeras que han de experimentar con el autoerotismo, para saber qué les agrada y qué no, qué las lleva al orgasmo y qué no.

Habrán además de abandonar la idea de que es el otro el responsable de darles placer, son ellas mismas quiénes habrán de buscarlo y lograrlo. Y ahí la autoestima tiene muchísimo que ver. Dice Graciela Hierro en su ensayo sobre la ética del placer, una cosa es el amor propio y otra distinta el amor por una misma.

El amor propio es procurarse y cuidarse, pero para el otro, para gustarle al otro, en la otredad. El amor por una misma es procurarse y cuidarse para sí misma primero y en ésa medida poder compartir con las o los demás.

Ellos por su parte habrán de ser más éticos con su placer, entender perfectamente qué está bien y qué está mal en la procuración de su placer. Darle tiempo y espacio a su pareja y asegurarse de que llegue al clímax, es muy fácil darse cuenta cuando una mujer finge el orgasmo y cuando no lo está fingiendo, sólo necesitan ser más observadores, por supuesto la pornografía no es un buen referente.

Pero, sobre todo, los hombres habrán de regresar a la parte más humana de la sexualidad que es el erotismo, que implica no sólo compromiso físico, sino también emocional y abandonar la comodidad de las sensaciones, para que puedan experimentar la diferencia entre la eyaculación y el orgasmo.

Sí no lo logramos seguiremos siendo, cómo dice la canción verdaderos extraños en el paraíso.

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