Opinión
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juego de palabras 3Yaneth Angélica Tamayo Ávalos/ Juego de Palabras

SemMéxico

La desigualdad y la discriminación de género son causa y consecuencia de la violencia que padecen mujeres y niñas, lo cual se ha reflejado en diversas violaciones graves a sus derechos humanos; situaciones que han sido toleradas, arraigadas y por ende normalizadas.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, advirtió que en México el 66.1 % de las mujeres y niñas han sufrido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación a lo largo de su vida en al menos un ámbito y ejercida por cualquier agresor.

Además, en este año la Secretaría Ejecutiva informó que las cifras de feminicidios han ido al alza, ya que cada dos horas y media, una mujer es asesinada por razones de género, lo cual se traduce en un aumento del 97 % en cuatro años; es importante mencionar que de esta cifra 114 feminicidios corresponden menores de edad de entre cero y 17 años.

Es preciso mencionar, que estos feminicidios se caracterizan por la brutal violencia física y sexual que se comete en contra de las mujeres y niñas; esta violencia basada en género ha sido descrita desde el 2009 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos a través de la sentencia “Campo Algodonero” (sobre las muertas de Juárez) versus México, en donde por primera vez se utilizó el termino de feminicidio.

En ese entonces, los factores que describieron parecían atroces y absurdos, esto en el sentido de que como persona resulta incomprensible creer que las cusas de homicidios a mujeres estaban originadas en estructuras culturales de discriminación.

En aquel momento, se señaló que los factores que habían motivado los homicidios contra de las mujeres en Juárez se debía a la modificación de roles familiares que generó la vida laboral de las mujeres en la década de los setentas y ochentas, en donde la industria maquiladora se caracterizó por la oferta casi exclusiva a mujeres, lo cual produjo un choque cultural al interior de las familias, al ser las mujeres las proveedoras del hogar.

Lo anterior generó que las mujeres tuvieran una imagen más competitiva e independiente, situación que no era compatible con la visión estereotipada y las mentalidades tradicionales -el cariz patriarcal- que el género masculino tenía respeto de las mujeres.

Por lo que, se concluyó que los feminicidios de mujeres estaban influenciados por una cultura de discriminación basada en la concepción de que las mujeres y las niñas son seres inferiores; y que este fenómeno social y cultura se encontraba enraizado en las costumbres y mentalidades de los ciudadanos mexicanos.

En donde la superación e independencia de las mujeres les provoca una gran irritación o enfado, haciendo más fuerte el sentimiento de frustración, dolor y odio; en el que la violación y el asesinato son el reflejo de intentos desesperados por aferrarse a los papeles tradicionales.

No obstante, lo anterior solo ha sido una forma a través de la cual se ha evidenciado la forma en la que las y los mexicanos nos relacionamos en la sociedad; ya que a 10 años de esta penosa sentencia los crímenes por odio en contra de mujeres se han extendido en el territorio y han aumentado; actualizándose nuevas formas en la comisión del delito, pero además ampliándose a víctimas menores de edad.

Pues, en lo que va del año, se ha hecho recurrente los feminicidios infantiles en donde las víctimas poténciales han sido recién nacidas y niñas menores de 14 años, de enero a octubre, 70 niñas han sido ultimadas al interior de sus hogares, violadas y asesinadas por vecinos y parientes; esto sin contar el resto de menores de 17 años que después de estar desaparecidas son encontradas muertas con los mismos rasgos de violencia.

La impunidad y la violencia tolerada por el Estado ha propiciado la perpetuación y normalización social de los feminicidios; la lucha de las mujeres por exigir justicia, quizás ha propiciado que los niveles de frustración y odio de algunos hombres haya aumentado.

En lo personal no encuentro otro motivo que sugiera que el mismo sistema cultural -de por sí ya violento- genere que cada vez los hombres sean más brutales y despiadados.

En México la cultura de discriminación sigue sin ser percibida como un problema de magnitud importante, tan solo las 18 declaratorias de alertas de género decretadas en el país implican que las mujeres se encuentran en riesgo inminente en más de la mitad del territorio mexicano.

De ahí que, mientras el Estado y la ciudadanía no reconozcan que desde el privilegio y el poder se ejerce toda clase de violencia en contra de las mujeres, los abusos sexuales y los feminicidios no cesaran; debemos dejar de disfrazar a la violencia de costumbre, pero sobre todo debemos dejar de tolerar que la impunidad siga enviando el mensaje a los feminicidas de que pueden cometer vilmente sus crimines, sin que la autoridad los haga responsables por sus hechos.

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