Opinión
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James Hadley ChaseAlejandro García/ ]Efemérides y saldos[

─La han estado drogando ─contestó Fenner─, y Grisson ha estado viviendo con ella. Él es un caso patológico. Su hija va a necesitar atención especial cuando la encontremos, señor Blandish.

James Hadley Chase

Todo es desmesurado, veloz y fácilmente comprensible en El secuestro de miss Blandish, desde el horror hasta la acción, desde los sentimientos hasta la violencia, desde la fatalidad hasta el castigo. El “suspense” resulta, en definitiva, el soporte maestro de un texto donde los otros son demasiado ricos y buenos y los criminales demasiado criminales y malos.

Juan Carlos Martini

Me he encontrado en la mesa de saldos de la librería Universal de Zacatecas un lote perteneciente a la colección la Puerta Negra, que muy valerosa y venturosamente dirigió Martín Solares. Lo primero que pienso es que el gran pulpo se ha tragado a uno más de los pescaditos en esa inmensa carnicería que es el mercado editorial. Me viene el recuerdo de hace unos meses en que se aislaron los títulos de Salamandra, en tanto ocupaban su nuevo lugar en los anaqueles del grupo editorial español. Me concentro en estos títulos que estoy seguro son garantía de grata y permanente experiencia y memoria. Dejo para otro momento las riñas entre libreros del mundo. “No habrá orquídeas para la señorita Blandish” México, 2016. Océano, 245 pp.) es mi primera elección. Doy cien pesos y me regresan uno (Gandhi todavía lo ofrece a 260 aguilitas).

     La novela es muy clara en su historia y de lectura rápida. El lector difícilmente escapa a su encanto.

     Un delincuente de medio pelo se entera en un cruce de caminos, cerca de la ciudad de Kansas, de que la señorita Blandish lucirá un collar de diamantes junto a su pareja en un renombrado restaurante. Se trata de un festejo y de una tentación para el que escucha y sus dos cómplices. Por cierto que se trata del segundo en la pirámide de su banda. Como quitarle un dulce a un niño es despojar de una joya a una rica heredera. El problema son los acabados. Al salir del lugar la víctima es seguida y en un descampado detenida y despojada. Sólo que el novio cae en la operación. Y lo que era robo se convierte en secuestro. Buscan un lugar para precisar los siguientes pasos de la operación escalada. Con Johnnny. Pero en el camino al resguardo se topan en una gasolinera con Slim, el hijo de Ma, y su banda. Una mujer bella suele lucir más que las joyas, por lo menos llena más la vista a la primera.

     La segunda etapa del relato es cómo les arrebatan el bocado a los primeros delincuentes y cómo Ma Grisson se encarga de operar para hacerse de medio millón de dólares. De ese tamaño es el rescate. Se deshacen de los tres dubitativos bandidos y provocan que la policía se guíe por la hipótesis de que aquellos tres escaparon con la víctima, mientras el problema se complica para Ma, porque Slim se ha enamorado de la chica. Una vez que cobran el rescate, Ma decide que la chica muera, pero no contaba con la terquedad de su hijo. La señorita Blandish ha tenido que ser drogada para convertirse en amante del crío.

     ─ No es tan difícil de adivinar. Me dijo que Schulberg le dio el dinero. Schulberg lava dinero. Probablemente lavó el dinero del rescate. Johnny me dijo antes de morir que Grisson y su banda estuvieron con Riley aquí en su casa. De alguna manera Grisson se enteró que Riley había secuestrado a la chica Blandish, y sabía que el único lugar donde la podían llevar era con Johnny. Él y sus hampones vinieron a buscarlos, despacharon a Riley y a los otros dos, y se llevaron a la chica.

     La tercera parte es la aparición del detective Fenner, retirado como periodista, y en crisis monetaria en una ciudad que no requiere a detectives privados. Pero el señor Blandish va y le ofrece tres mil dólares de entre y treinta mil más si logra desenredar el asunto. Su hija probablemente esté muerte, pero ¿dónde está su cadáver?

     El caso, cerrado para las autoridades, con los responsables en huida, aunque reposen en solitarias tumbas y los verdaderos responsables convertidos en administradores de un tugurio, donde la amante de uno de los primeros delincuentes, ahora pareja de uno de la banda de Ma, baila y convive con los parroquianos.   

     El desenlace es el encuentro con Johnny y con el empresario despojado por Ma para hacerse del lugar de diversión nocturna. El estorbo de Slim también provoca que no se pueda finiquitar el asunto. La novela comienza a desenlazarse con una toma del centro nocturno que es una operación de pólvora y sangre. Lamentablemente la chica ha sido sustraída por el antiguo dueño del lugar y Slim tendrá que ir por ella y tomarla de nuevo.

     El desenlace es la huida de Blandish y Slim por la carretera y su parapeto en un granero. Las autoridades y Fenner hacen su papel y rescatan a la chica. Con grandes cuidados la llevan a un motel para que recupere el contacto con la realidad. La carretera sabe el destino de esa chica insalvable.

     Mientras dejaba en paz un rato la lectura, pude encontrar mi vieja edición de Bruguera (1981) con el título de “El secuestro de miss Blandish”. Me llamaba la atención el tamaño del pago del hombre rico: 33 mil dólares. Busqué ese dato en mi Libro amigo y me encontré con que el adelanto es de cinco mil dólares y medio millón si es resuelto el caso. Menuda diferencia. Un millón es el probable costo para el hombre rico. Confieso que no fui más en los detalles. El nuevo título me parece más cercano a la intención porque se acerca más a la condición de la señorita Blandish y no en sí al secuestro. Cierto es que Chase es duro en sus descripciones y fértil a la hora de arrojar muertos o de presentarlos al destinador, pero tras la aparente superficialidad de la trama o de la visión de los terribles hechos que se narran, se pueden respirar situaciones que dan profundidad al texto.

     La señorita Blandish es hermosa y rica, saldrá a lucir su collar, el mundo del crimen la espera para cancelarle el futuro. En lugar de matarla o dejarla ir una vez que tienen el botín, la convierten a ella misma en botín y no nada más objeto de rescate, sino esclava del placer sexual del delincuente que además de feroz es incapaz de sostener una relación que él consiga con su esfuerzo. Eso sí, una vez que la tiene, la defiende como perro de pelea.

     Al contrario de los que piensan que Coppola se convirtió en una deificador del delincuente en “El Padrino”, me confieso partidario de que nos enseñó el gran proceso del capitalismo para meter encima de la alfombra lo que por tradición se metía debajo, como si se tratara de mera basurilla. Escritores como Chase construyen un mundo sin paternalismos, de una dureza que lleva a la muerte o a la desposesión. Ni Blandish padre ni Blandish hija se expresan mucho, sólo aciertan a defenderse de un mundo que busca avasallar a su costa.

     Ten suficiente dinero, pensó amargamente, y te puedes comportar como un cerdo

     El estado de las cosas de los últimos años en que la delincuencia vuelve a enseñar su rostro y su deseo de dominación (me acuerdo de “Cero Cero Cero” de Saviano, la globalización del crimen) ha llevado a nuestro país a un cambio de vida y de percepciones. Más que la pandemia, en algunas ciudades, es el ruido de los balazos o de las granadas de mano los que imperan.

     De modo que Chase además de fluido, además de haber tenido que pasar por un proceso de plagio, emprendido ni más ni menos que por Raymond Chandler, proceso que perdió el inglés, logró construir relatos memorables, fundadores de la novela negra de la edad de oro, acompañado de su imaginación, de planos y de diccionarios con palabras y expresiones estadounidenses. Esta novela es de 1939, cuando ya Hammet y Cain habían publicado sus mejores obras, pero cuando Chandler apenas empezaba a dar a conocer su peculiar estilo.

     Esa belleza sometida, violada, drogada, es un buen dato para la historia de la violencia. Para los buscadores de misoginia está la contraparte, Ma, la que encabeza al final de cuentas el secuestro y sus beneficios y que presta a Blandish para que su muchachito sacie sus instintos y tenga un juguete que lo entretenga.

     Cuando en México se ufanan los lectores correctamente políticos de que no hay lugar para la novela negra, sólo nos queda preguntarnos si no es la gran ausencia en estos momentos en que las sirenas de las ambulancias o el volar de los helicópteros, y no las campanas, tocan a muerto.

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