
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, depuesto ilegalmente por el gobierno estadounidense de Donald Trump (foto Canal 11)
Angélica Beltrán / Política en Movimiento
CDMX A 3 de enero de 2026 (Noticias de México).- Es evidente que las intervenciones militares, económicas y políticas de Estados Unidos en América Latina nada tienen que ver con la defensa de la democracia o el combate al narcotráfico, sino con el saqueo de naciones independientes y soberanas.
En esa lógica imperialista se inscribe la invasión militar a Venezuela y el secuestro del presidente en funciones Nicolás Maduro ayer sábado. Acciones con las que Donald Trump reinaugura la política de intervención militar de Estados Unidos; esa política del siglo XIX consagrada en la doctrina Monroe: América para Estados Unidos.
Una política militar suavizada en el último siglo, a través de tratados comerciales, deudas externas impagables, bloqueos económicos y otros instrumentos de política exterior con los cuales el imperio se había contentado para someter a Latinoamericana.
Pero para iniciar este año, Trump optó por el regreso de la política agresiva, intervencionista, en notoria desesperación por recuperar terreno perdido en Latinoamérica; y para fortalecerse frente a potencias económicas emergentes como Rusia y China.
Y aunque la respuesta al ataque militar ha sido la condena internacional y el avivamiento de la confrontación interna de demócratas y republicanos en Estados Unidos; la preocupación latente crece en el resto de Latinoamérica, pues el ataque a Venezuela no es el fin, sino el inicio del intervencionismo de Estados Unidos en la región, para apropiarse de los recursos naturales y sobre todo del petróleo de naciones como Brasil, Colombia y México.
El sueño de Simón Bolívar de la unión latinoamericana y la fortaleza de la región sigue vigente; pero con muchas dificultades para consolidarse. Desde la llegada de los primeros gobiernos de izquierda en Latinoamérica, Estados Unidos ha buscado ponerles fin e impedir el fortalecimiento e integración de Latinoamérica, con ataques aislados o golpes de Estado como en Chile. Y en lo sucesivo, ha mantenido el recelo para que estos países abran su comercio al mundo y a las inversiones.
Sin embargo, ante el crecimiento económico y hoy tecnológico de países que ya compiten en igualdad de circunstancias con la Unión Americana; Trump en su segundo mandato parece acabará con la política exterior diplomática y continuará con la embestida militar en contra de Colombia, México y Brasil, las naciones con más petróleo de la región.
El anuncio de Trump de que la Unión Americana administrará el petróleo de Venezuela -país con la mayor reserva del hidrocarburo en el mundo- evidencia sin tapujos que el narcotráfico y la protección de la democracia nada tienen que ver con los motivos de Estados Unidos para intervenir en Latinoamérica.
