La tradición: el silencio, los lamentos, la voz bajita, las solicitudes indirectas, los asentimientos, las preguntas como escondite de la afirmación, expuso
Como parte del eje temático de Violencias, en la mesa Narrativas y violencias hacia mujeres en las IES, la docente investigadora de la Unidad Académica de Letras (UAL) de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Mónica Muñoz Muñoz, impartió la ponencia “Mujeres y narrativas universitarias”, dentro del Simposio “El feminismo en las Instituciones de Educación Superior: entre batallas y simulaciones”.
Al dar la introducción a su exposición, la universitaria comentó que en gran parte de los estudios lingüísticos, a los que se ha adscrito, existe la tradición de escribir en primera persona. Entre objetividad y subjetividad hay un lazo que permite la búsqueda del sentido, la pasión por aprender y la unión de mente y corazón.
“Escribir en primera persona muestra nuestra voz y el papel activo que profesamos en la investigación. Escribir en primera persona aumenta la claridad para discernir entre las ideas propias y las ajenas, para reconocer las decisiones metodológicas de las que somos responsables”, subrayó.
Indicó que en el mundo académico suele exigirse el uso impersonal en el discurso para enfocar la atención en los datos y no en las personas; eso provoca una separación, una especie de enajenamiento, una aceleración en la pérdida del control y el sentido de las investigaciones. “La inteligencia ciega nos tiene en crisis”, afirmó.
La naturaleza compleja, enriquecida y vinculante de la Universidad Autónoma de Zacatecas nos exige romper los reduccionismos y comprender, como dijera Morin, que “un pensamiento mutilante conduce, necesariamente, a acciones mutilantes”. Escribir en primera persona nos une al texto y a la audiencia, pero más importante aún, escribir en primera persona y publicar o ser parte de un simposio como este nos devuelve la voz pública, nos permite cuestionar, intervenir, proponer y construir.
La tradición ha pedido el silencio como rol comunicativo de las mujeres: el silencio, los lamentos, la voz bajita, las solicitudes indirectas, los asentimientos, las preguntas como escondite de la afirmación. Negamos nuestra voz política que, como explica Brigitte Vasallo (2023), es una voz en diálogo con la realidad, una propuesta de interlocución, una conversación que provoca la sincronía entre cuerpo y símbolos para incidir socialmente.
Hemos de convertir nuestra voz en cuerpo porque la “mudez”, como explica Mary Beard, es solo un reflejo de la privación general de las mujeres en el origen de la civilización occidental, en el mundo clásico, como puede inferirse a través de La Odisea, no en la versión de Nolan, sino en la de Homero. Por ello, Beard analiza en Mujeres y poder las figuras femeninas que han desafiado la tradición del silencio femenino.
El nuevo entorno comunicativo, el plano digital en el que hoy también nos sucede la vida y el trabajo, es capaz de fortalecer la cultura participativa en la medida en que su aparente horizontalidad permite la interacción, el cuestionamiento, la delimitación de posturas y la asimilación de actitudes. Hemos de advertir, sin embargo, que mientras la competencia mediática sea sólo un concepto y no una habilidad que llevamos a la práctica, las redes seguirán siendo un semillero fecundo en la violencia moral.
Asimismo, el activismo, es decir, el feminismo que ejercemos, debe acompañarse de la competencia mediática. Se trata de llevar a la conciencia las emociones que nos provoca aquello que nos están contando, porque aquello es también un producto construido, una narrativa. Las emociones deben ser objeto estricto de análisis a partir de los sentimientos de identificación, rechazo o vergüenza, como consecuencia de lo que vemos en la red. La competencia mediática implica, además, el análisis ideológico, relacionado con la ética y con el ejercicio de la ciudadanía participativa al trascender el plano estético y, por supuesto, el sectarismo, enfatizó.
Otro punto que la académica abordó fue que durante el periodo en el que fue directora de la UAL de la Universidad Autónoma de Zacatecas aprendió que es necesario observar la creación de encuadres mediáticos desde la comunicación política; que los prejuicios y las creencias previas hermanan a cada usuaria y usuario con sus pares y les otorgan una posición en la red, una jerarquía en la distribución de narrativas, una responsabilidad mediática e, incluso, un comportamiento esperado.
Además, señaló que de la interacción en la red surgen estructuras, conflictos y política en su forma más organizada. Al construir un mundo virtual con objetivos compartidos, se asume una posición en la topología de las redes e imprime una huella en cada una de sus actividades. La red, agregó, se caracteriza por la atención selectiva, proceso mediante el cual prestamos atención a aquello que es consistente con nuestra cosmovisión.
Comprendió que a través de la habilitación en cascada se activan contenidos con los que concordamos para que aparezcan en los muros de nuestros contactos; así se modifica la frecuencia y la velocidad con la que circulan y, por lo tanto, se activan contenidos con elementos de encuadre localmente distintos. Los elementos de encuadre convergen en los muros de usuarias y usuarios causando interpretaciones, evaluaciones y/o soluciones que apoyan su alineamiento con algunos grupos y justifican su oposición con otros, al cimentar distintas comunidades que compiten por la atención en las redes sociales.
Finalmente, aseguró que se comparten publicaciones de mujeres porque queremos acompañar y ser acompañadas; la participación política en las redes puede ser un acto de comunión con las y los demás, pero los afectos y las ideas se entrelazan y los clics guiados por el inconsciente abonan a la polarización.
En opinión de Muñoz Muñoz, los mecanismos de coacción discursiva en redes sociales no solamente buscan desacreditar el contenido de las intervenciones políticas de las mujeres, sino regular las condiciones bajo las cuales pueden ejercer su derecho a la palabra y a la voz política. El enjuiciamiento de la vida privada, la sexualización, la ridiculización, la deslegitimación y la amenaza son prácticas que producen formas de disciplinamiento que pueden conducir a la autocensura y, en consecuencia, a una reducción de la participación política femenina.
De la trayectoria de la ponente se destacó que es Doctora en Ciencias Humanísticas y Educativas con especialidad en Estudios Lingüísticos, Maestra en Enseñanza de la Lengua Materna y Licenciada en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Cuenta con Perfil PRODEP y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Es líder del Cuerpo Académico consolidado UAZ-CA 255 “Competencias lingüística, literaria y digital”.
