Violencia invisible permea en la vida universitaria y protocolizar en la UAZ no es transforma: Vélez Rodríguez
Llama a políticas integrales contra la violencia de género, la coordinadora de Igualdad de la Universidad Autónoma de Zacatecas
En el marco del Simposio “El Feminismo en las Instituciones de Educación Superior: Entre Batallas y Simulaciones”, la coordinadora de Igualdad de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Liliana Angélica Vélez Rodríguez, presentó la ponencia “Protocolos contra la violencia de género en las universidades: avances y desafíos”, donde subrayó la necesidad de fortalecer estos instrumentos como parte de un proceso de transformación institucional.
Con sede en el Foyer del Teatro Fernando Calderón, la funcionaria destacó la importancia de contar con protocolos contra la violencia de género en las universidades, pues esta acción —dijo— implica un proceso de transformación institucional. “Los protocolos surgieron como respuesta a una problemática que durante mucho tiempo fue invisibilizada o normalizada”, enfatizó.
“El desafío real de los protocolos es que éstos sirvan como una herramienta real de transformación institucional, para que la máxima casa de estudios de nuestra entidad sea considerada una universidad libre de violencia de género”, explicó la ponente.
Al respecto, reiteró que la universidad reproduce también relaciones sociales y de poder. Por ello, “no basta con pensar la violencia como una conducta individual: debemos analizar las condiciones institucionales que pueden favorecer su normalización o dificultar su denuncia”, señaló.
En este sentido, indicó que los casos que llegan a las instituciones no necesariamente representan la totalidad de las violencias. “Lo que se denuncia no necesariamente es todo lo que ocurre. Hay barreras que pueden impedir que una persona reconozca, busque ayuda o denuncie. Por eso un bajo número de denuncias no debe interpretarse automáticamente como ausencia de violencia”, puntualizó.
La especialista subrayó que los protocolos tienen una historia social y política. “Las movilizaciones universitarias, las denuncias públicas y las colectivas feministas contribuyeron a que la violencia de género dejara de verse como un problema privado o aislado y se reconociera como un problema institucional y de derechos humanos”, afirmó.
Al explicar que un protocolo debe contener principios, competencias, rutas de actuación, medidas de protección, orientación, acompañamiento, responsabilidades, prevención, seguimiento y evaluación, planteó: “La pregunta no es solamente qué hacer ante una denuncia, sino también qué hace la institución antes, durante y después del caso”.
Entre los desafíos, Vélez Rodríguez señaló que “protocolizar no es transformar”; se requiere garantizar seguridad, evitar la revictimización institucional, pasar de la atención aislada a la responsabilidad institucional y de capacitaciones esporádicas a formación permanente.
Su propuesta central es pasar de protocolos predominantemente reactivos a “políticas institucionales integrales; del documento al sistema; de la respuesta individual a la responsabilidad institucional; de capacitaciones aisladas a formación permanente; y de una visión centrada únicamente en la sanción a una que incorpore prevención, atención, protección, reparación y transformación”, expuso.
Asimismo, destacó que “una nueva generación de protocolos debe ser preventiva, integral, accesible y especializada; incorporar perspectiva de género y derechos humanos; garantizar debido proceso; y ser evaluable”.
Finalmente, concluyó: “En nuestra experiencia institucional el protocolo específico de violencia sexual ha permitido generar experiencia y detectar nuevas necesidades, abriendo la discusión hacia un instrumento más integral para todos los tipos y modalidades de violencia, nos permite mostrar cómo una política institucional aprende de su propia implementación”.
Especialistas visibilizan la violencia soterrada en los espacios universitarios
La quinta mesa del Simposio “El feminismo en las Instituciones de Educación Superior: entre batallas y simulaciones” abrió con la ponencia “Filosofando sin Sofía. Violencia soterrada en las universidades”, presentada por la investigadora Lilia Delgado Calderón y el investigador Guadalupe Fernando Murillo Rendón, quienes pusieron sobre la mesa un tema de urgente atención: la violencia invisible que permea la vida universitaria.
Los especialistas de la Unidad Académica de Filosofía (UAF) de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), señalaron que la agresión en los espacios académicos trasciende la violencia física o explícita, y se manifiesta en formas como el acoso sexual, la violencia económica, vicaria, psicológica, epistémica y el mobbing, todas presentes en la cotidianidad universitaria.
Uno de los ejes de su exposición fue la violencia sutil conocida como “luz de gas”, definida como una manipulación intencionada en la que el agresor distorsiona la realidad para que la víctima dude de sus percepciones, experiencias y criterio profesional.
Este patrón, ejercido por perfiles egocéntricos e inseguros, provoca que las víctimas callen sus vivencias, se cuestionen permanentemente sus capacidades y enfrenten aislamiento, depresión e indefensión aprendida.
Advirtieron que estas prácticas se reproducen día a día en aulas, pasillos y áreas administrativas, donde se entremezclan comentarios mordaces, la invalidación de trabajos de investigación y críticas hacia la vestimenta de las alumnas.
También visibilizaron la violencia institucional y sistemática en las relaciones laborales y sindicales universitarias, donde el miedo, la coerción y la amenaza frenan las denuncias y obstaculizan el acceso a instancias evaluadoras y sancionadoras.
La presentación cerró con un llamado urgente a reestructurar los roles de la comunidad universitaria y a deconstruir la educación heteropatriarcal mediante la adopción de las “Gafas violeta”, metáfora creada por la escritora Gemma Lienas en su obra El diario violeta de Carlota. Este enfoque permite identificar, analizar y cuestionar situaciones que suelen estar naturalizadas o invisibilizadas en la vida cotidiana.
