Las ponentes analizaron distintas experiencias de violencia y discriminación
Zacatecas, Zac., 13 de agosto de 2026.- El simposio “El feminismo en las instituciones de Educación Superior: entre las batallas y simulaciones” puso en el centro de la discusión las violencias, desigualdades y relaciones de poder que persisten en los espacios universitarios, pero también las luchas que estudiantes y académicas han construido para cuestionarlas, visibilizarlas y transformar su participación dentro de la universidad pública.
En este marco, Rocío Cázares-Blanco, docente investigadora de la UAZ; Karen Victoria González Llamas, estudiante del Doctorado en Ciencia Política; y Araceli Elizabeth Alvarado García, maestra en Investigaciones Humanísticas y Educativas, integrantes de la colectiva de filósofas feministas “Las Cínicas”, hablaron sobre el proceso de organización y las luchas feministas desarrolladas durante los últimos seis años en la Unidad Académica de Filosofía de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).
Las ponentes analizaron cómo distintas experiencias de violencia y discriminación dieron paso a procesos de acompañamiento y organización entre mujeres, así como a la apertura de espacios para discutir las desigualdades de género dentro de la vida universitaria.
- “Una se vuelve feminista con su propia historia”
Durante su participación, Alvarado García recordó que entre 2018 y 2019 comenzaron a visibilizarse distintas situaciones que, hasta entonces, habían sido normalizadas dentro de la vida académica. “La organización política y feminista nace desde las diferentes historias de vida de compañeras y amigas; una se vuelve feminista con su propia historia”, afirmó.
En este contexto surgió la colectiva Las Cínicas, integrada inicialmente por estudiantes que encontraron en la organización feminista una vía para acompañarse y trasladar al espacio público situaciones que anteriormente permanecían en el ámbito privado. Para sus integrantes, este proceso permitió transformar experiencias individuales en demandas colectivas y abrir espacios de discusión sobre las relaciones de género dentro de la academia.
González Llamas manifestó que uno de los momentos que marcó un punto de inflexión fue la instalación de un tendedero de denuncias en 2020, colocado en la explanada frente a las aulas de la licenciatura. De acuerdo con la universitaria, la intervención permitió visibilizar públicamente distintas expresiones de violencia machista señaladas por estudiantes y evidenció la necesidad de contar con criterios y mecanismos institucionales para atenderlas.
“El tendedero del 2020 fue incómodo para todos aquellos que no entendieron que no se denunciaban solo hechos aislados e individuales, sino que se dejaba de manifiesto cómo funciona un sistema patriarcal al interior de la universidad”, expresó.
Las integrantes de Las Cínicas destacaron que, a lo largo de estos años, han impulsado conferencias, círculos de lectura, cafés filosóficos, conversatorios, presentaciones de libros, cine-debates y ponencias estudiantiles, además de promover la incorporación de perspectivas feministas en trabajos académicos y tesis desarrolladas desde la filosofía y las ciencias sociales.

Entre estas acciones se encuentra también su participación en las movilizaciones del 8 de marzo y en actividades orientadas a preservar la memoria colectiva del movimiento feminista en Zacatecas, además de encuentros con especialistas y teóricas feministas de reconocimiento nacional e internacional.
Al respecto, González Llamas llevó la reflexión hacia el lugar que ocupan las mujeres en la producción del conocimiento y cuestionó por qué todavía resulta incómodo que sean ellas mismas quienes teoricen sobre lo que significa ser y vivir como mujeres.
Refirió que estudiantes y académicas enfrentan constantemente la exigencia de demostrar su capacidad para pensar y generar conocimiento, particularmente cuando sus investigaciones parten de perspectivas feministas o abordan sus propias experiencias.
Al recuperar los seis años de organización de Las Cínicas, las participantes destacaron la memoria como una herramienta para reconocer los procesos construidos por estudiantes y profesoras y, al mismo tiempo, identificar las problemáticas que permanecen pendientes.
“La ternura es política”, se expresó durante la ponencia al recordar que parte de esta organización surgió de las relaciones de amistad, acompañamiento y cuidado entre mujeres que, al compartir sus experiencias, reconocieron una dimensión colectiva en situaciones que inicialmente habían vivido de manera individual.
Finalmente, Cázares-Blanco enfatizó la importancia de que quienes ejercen la docencia y ocupan espacios de responsabilidad dentro de las universidades mantengan una disposición abierta para escuchar a las estudiantes y reconocer sus demandas.
“A mí me hicieron feminista mis alumnas”, afirmó, al subrayar que las nuevas generaciones han adquirido una mayor capacidad para expresar aquello que consideran injusto, por lo que llamó a docentes y autoridades universitarias a abrir espacios para escuchar sus voces y favorecer su participación.
