Opinión

foto archivo EZEnriqueta Burelo Melgar / Por la Cuarta

SemMéxico, Chiapas. Creo que a todas nos ha pasado en algún momento de nuestra vida, que sentimos una serie de síntomas físicos, pero, también emocionales, como apachurramiento de corazón, dolor de cabeza, una flojera intensa que nos impide pararnos de la cama y darnos un buen regaderazo que nos despeje los malos pensamientos, te pasan cosas que no quieres que te pasen, no hay dinero, no hay trabajo, no tienes la pareja ideal, e incluso crees que vivir es un esfuerzo.

Vivir no es fácil, menos en un mundo tan competitivo, que te exige vestir ropa de última moda, uñas bien pintaditas de color nude, porque ese color usa Carlota Casiraghi, un vestido midi de flores como el que lució JLo, ahora JAfleck ,en plena luna de miel, válgame Santa Cachucha a estas alturas del partido, pero si revisamos Vogue, Glamour o Elle, veremos que a la reina Leticia se le aplaude que use ropa low cost, de Zara o alguna marca española, que para nosotras no tiene nada de low, o las canas de Carolina de Mónaco, si nos aparece una cana acudimos rápidamente al primer salón de belleza que se nos atraviese en nuestro camino o recurrimos a un tinte casero, la mayoría del jet set, usa sandalias planas o gladiadoras que en la secundaria, mi mamá me mandaba a hacer en la Zapatería Wendy que todavía existe en Tuxtlita la Bella.

Sentimos que perdemos el control de nuestra vida, si a los 40 seguimos siendo Godínez, si no somos del Sistema Nacional de Investigadoras, si no tenemos un cuerpo escultural, si no hemos ido a correr al maratón de Boston, o de perdiz a la carrera del Parachico, si no nos hemos casado o si ya lo hicimos, nos desespera que nuestra pareja no tenga aspiraciones como Elon Musk, ya quisiéramos tener una red social para nosotras solas.

Muchas traemos consigo un equipaje muy pesado de abandono, abusos, pero no puedes anclarte en tu historia, es importante liberarte, no seguir perpetuando el pasado. Te doy un ejemplo, para tu cerebro no existe, pasado, presente, futuro. Si recuerdas lo que viviste a los 4, las memorias corporales se activan y es como si lo volvieras a vivir a los 25 años. Y así vives perpetuando, repitiendo, incluso ocasionando que las parejas y situaciones que vives repitan de alguna forma la energía del acoso o el abuso, para seguir sintiéndote víctima.

Por otra parte, hay mujeres que vivieron una infancia privilegiada, una familia amorosa, nadie nos tocó ni con el pétalo de una rosa y aun así nos sentimos infelices, no creemos en nosotras mismas, porque consciente o no, nos han educado en la idea de que debemos conseguir determinadas cosas para definirnos. Por ejemplo, alcanzar un estatus, tener unas cualidades y unas habilidades adecuadas para un fin y si no logramos esto, nos sentimos peor que chinches o cucarachas.

En lo particular, he vuelto la mirada a los países nórdicos, en este caso Dinamarca, donde existe un concepto, Hygge, cuyo significado se relaciona con la felicidad en las cosas simples.

Las y los daneses suelen definir el hygge de la siguiente manera: acomodarse frente a la chimenea en una velada fría, bien abrigada tomando una bebida caliente y con tu fiel mascota al lado, aquí dado el clima si somos nice, una copa de vino blanco extra frío, tu chela si eres costeña o si te gusta la vida sana un té de limón helado, eso sí, tus cacahuates o trocitos de quesillo, si eres de Chiapas, mascota, tal vez un perro adoptado que es la moda actual.

Hoy ha surgido también, en este espacio del universo, un nuevo concepto Lagom, que se puede traducir como “en la justa medida”. Se nos insta, por ejemplo, a rodearnos de lo básico y esencial, a comprar solo lo necesario, a cuidar del medio ambiente, a decorar la casa con lo más elemental, a comer lo justo y necesario, sin excesos. Por último, nos recuerda también la necesidad de que el trabajo no se apodere nunca de nuestra vida. Tal y como podemos ver, una vez más se repite la idea de que “menos es más” y de que la felicidad, está en la sencillez.

Todos necesitamos vivir dignamente, tener unos ingresos estables, nuestras necesidades básicas cubiertas y podernos permitirnos momentos de ocio y disfrute. La dificultad llega cuando en lugar de poseer a los objetos, son estos los que nos poseen a nosotros.

¿Qué se mueve detrás de nuestro impulso a consumir y acumular? Pues en mi opinión la soledad, el vacío y la insatisfacción. Por llenar vacíos nos esclavizamos con objetos, comida, drogas…Mientras no queramos atender internamente qué nos sucede y como actúa ese vacío en cada uno, entonces tenderemos de modo automático en buscar la solución fuera de nosotros y una de esas respuestas es consumir y acumular sin conciencia.

Como dice el refrán “No es más rico o rica quien más tiene si no quien menos necesita”, debemos mirarnos y contactar con nuestras necesidades verdaderamente humanas. Entonces nos iremos dando cuenta que lo que acumulábamos y sentíamos que nos daba una identidad y una imagen, en verdad ya no importa tanto.

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